martes, septiembre 09, 2008

Alejandra Stempelatto


Es la “cubita” de tres hermanos y desde muy chica, o sea, desde siempre, ha combinado la escuela con el cultivo de la danza clásica y el Tap. Inició sus estudios en el Instituto Orange Jazz, a cargo de Teresita García de Costa (¿Por qué será que casi siempre las directoras de danza se llaman Teresa, y encima, todo mundo les dice Teresita?) y desde hace 2 años cursa estudios superiores cuyo título te deja sin aliento: Licenciatura en Composición Coreográfica con Mención en Comedia Musical.

Amén de su dedicación a la danza y a la expresión corporal, a Ale le gusta acudir con regularidad a espectáculos de comedia musical, leer libros de autoayuda y todo cuanto insinúe la superación de su 1,52 mts de estatura.

Para esta entrerriana, Buenos Aires ha resultado ser una suerte de caja de Pandora: cada día trae su sorpresa, su hecho insólito, una novedad. Destaca la gran actividad cultural y social de la capital, pero también el ruido, el trepidar, apenas perceptible, de una ciudad que descansa a duermevela. La última sorpresa que le ha deparado ha sido conocer al coreógrafo y director de cátedra Ricky Pashkus (“El preferido de los grandes”, escribe Marina Denoy en la revista La Nación). Y cómo olvidar otro momento “transpléndido”: recibir clases de Bebe Labougle, una diosa del Tap.

Pero el motivo principal de fijar su domicilio en Buenos Aires hay que buscarlo en la adolescencia. Cuando tenía 15 años acudió a un curso de danza clásica en el Teatro Colón. Fueron dos semanas definitivas en su vida: le agradó la ciudad, la manera en que los docentes profesaban su saber. Quiso quedarse a terminar la secundaria, pero su mamá se opuso. Desde entonces, su sueño fue aprender y perfeccionar su arte aquí. Que su vida transcurriera por las calles, teatros y estudios de Buenos Aires. Para Ale, ese sueño se ha cumplido. Pero, digna de su especie, va por más.

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